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2 de Febrero


Si algo tenemos las mujeres es que somos expertas en llevar cualquier historia al extremo cuando se trata de contarnos algo entre nosotras. Pero si ese “algo” es una palabra rara y encima termina en “rragia”, nos vamos de para atrás sin siquiera detenernos a pensar qué significa realmente.
Y de una de esas palabras queremos conversar en este artículo: la metrorragia. O mejor dicho, como nos recomienda llamarla nuestra ginecóloga experta, la doctora Laura Jaramillo, el sangrado intermenstrual.
La metrorragia, que desde ahora prometemos llamar sangrado intermenstrual, es un síntoma que puede ser más común de lo que creemos. Se trata de ese sangrado uterino que aparece cuando no debería, es decir, por fuera de los días normales de nuestra menstruación.
Según explica la doctora Laura Jaramillo, este tipo de sangrado hace parte de los llamados sangrados uterinos anormales y puede presentarse sin previo aviso, incluso en mujeres que solemos tener ciclos regulares.
Y ojo, porque no hay una sola forma en la que se manifieste: puede ser leve o abundante, durar solo unas horas o extenderse por varios días, y a veces viene acompañado de síntomas que ya nos resultan familiares, como cólicos, sensación de pesadez o cambios hormonales parecidos a los del periodo.
Si algo nos caracteriza como mujeres es que queremos entender el porqué de todo. Y cuando aparece un sangrado fuera de lo normal, la pregunta es inevitable. Pero si hablamos de metrorragia, la respuesta más honesta es “depende”.
Depende del momento de la vida en el que estemos, de nuestra edad, de nuestras hormonas y de lo que esté pasando dentro de nuestro cuerpo. Tal como nos explica la ginecóloga Laura Jaramillo, no hay una sola causa, sino varios escenarios posibles.
Por ejemplo, en mujeres en edad reproductiva, el sangrado intermenstrual suele estar ligado a desajustes hormonales o al uso de anticonceptivos, sobre todo durante los primeros meses, cuando nuestro cuerpo aún está adaptándose. También puede aparecer por causas más estructurales, como la presencia de miomas o pólipos, infecciones ginecológicas, enfermedad pélvica inflamatoria o endometriosis. Y en algunos casos, este tipo de sangrado puede estar relacionado con complicaciones durante un embarazo.
Mientras que, en las mujeres que están entrando a la etapa previa a la menopausia, es normal que el cuerpo empiece a cambiar su ritmo. En esos ajustes pueden aparecer sangrados intermenstruales porque el ciclo ya no es tan regular como antes; lo que puede llevar a una anovulación. A veces también se debe a cambios hormonales propios de esta etapa y, en otros casos, a condiciones del útero que se deben revisar.
¡Ya profundizaremos más en cada una de estas!
Imagina que nuestro endometrio, esa capita interna del útero que cada mes se prepara por si hay embarazo, empieza a crecer más de la cuenta, como cuando una planta se riega de más. Eso es, a grandes rasgos, la hiperplasia endometrial.
Este crecimiento puede provocar sangrados intermenstruales que debemos estudiar. Por eso, lo mejor es agendar una cita con tu ginecóloga de confianza, para evaluar qué está pasando y descartar a tiempo cualquier factor de riesgo, como un cáncer de endometrio.
De estos “inquilinos inoportunos” ya hemos hablado antes por aquí. Pero para hacerte un breve recorderis, se trata de crecimientos benignos en el útero que pueden alterar el ritmo normal de nuestro ciclo y también provocar sangrados intermenstruales.
Muchas de nosotras ni siquiera sabemos que los tenemos hasta que empezamos a notar manchados extraños o periodos más intensos o dolorosos que antes.
En algunos casos puede que el sangrado no venga del útero, sino de pequeñas lesiones en nuestra vagina o cuello uterino. Las cuales pueden aparecer debido a relaciones sexuales, resequedad, golpes fuertes o incluso tras un examen ginecológico. Suelen ser sangrados leves, pero si vienen acompañados de dolor, es mejor no ignorarlos.
Aunque no siempre lo asociamos, la tiroides también tiene mucho que decir cuando hablamos de sangrados intermenstruales. Nuestra gine Laura Jaramillo nos explica que, cuando existen alteraciones tiroideas, como un hipotiroidismo mal controlado, el balance hormonal se desajusta y el ciclo puede volverse irregular. Esto puede generar ciclos sin ovulación y manifestarse en forma de metrorragia.
Cuando tenemos relaciones sexuales sin protección, también nos exponemos a infecciones de transmisión sexual que pueden manifestarse con sangrados intermenstruales. Algunas ETS, como la clamidia o la gonorrea, pueden causar inflamación en el cuello uterino o en las trompas de Falopio, y ese desbalance es el que termina avisándonos que algo no anda del todo bien. Por otro lado, este tipo de enfermedades también pueden manifestarse con sangrados después de las relaciones sexuales.
Esta es una causa menos común, ¡pero muy importante! Ocurre cuando el embarazo se produce fuera del útero e impide el desarrollo del feto. Nuestro cuerpo suele avisar con sangrados irregulares, dolor abdominal o pélvico y malestar general. Es súper importante prestar mucha atención, sobre todo si existe la posibilidad de que estemos embarazadas.
Como te contamos, la metrorragia puede presentarse como un manchado leve o un sangrado más abundante y, en algunos casos, venir acompañada de cólicos, dolor pélvico o cambios en el flujo. Según nuestra ginecóloga Laura Jaramillo, cuando aparece fuera de los días habituales del periodo y requiere el uso regular de toallas o tampones, estamos frente a un sangrado intermenstrual.
Si notas que se repite, aumenta o empieza a incomodarte, es momento de prestarle atención y consultarlo con tu gine.
El primer paso siempre será una buena conversación con nuestra ginecóloga. Ella nos preguntará cómo es nuestro ciclo, desde cuándo notamos los sangrados y si hay otros síntomas que lo estén acompañando. Con esa info, revisará nuestro historial clínico para buscar pistas que expliquen lo que está pasando.
Luego, según cada caso, puede sugerirnos varios exámenes para ir encontrando la causa de fondo, por ejemplo:
Prueba de embarazo: siempre lo primero, para descartarlo desde el inicio.
Ecografía transvaginal: ideal para buscar causas estructurales como quistes, miomas o pólipos.
Citología: para revisar el cuello uterino y descartar lesiones.
Exámenes de sangre: como el hemograma, para asegurarse de que el sangrado no esté provocando anemia.
Estudios hormonales: en caso de sospechar condiciones como el síndrome de ovario poliquístico (SOP).
En mujeres mayores de 45 años, con factores de riesgo como obesidad o un endometrio más grueso visto en la ecografía, la ginecóloga puede recomendar una biopsia de endometrio para estudiar con más detalle el caso.
El tratamiento del sangrado intermenstrual depende totalmente de su causa, y aquí volvemos al famoso “depende”. En algunos casos, basta con regular las hormonas, ajustar o cambiar un método anticonceptivo o tratar una infección puntual. En otros, cuando hay causas estructurales como miomas o pólipos, puede requerirse un manejo diferente y más específico.
Lo importante, y como bien nos recuerda nuestra ginecóloga Laura Jaramillo, es tener claro que sí existen tratamientos y que, aunque muchas veces no se trate de algo grave, no debemos normalizar los sangrados intermenstruales. Nuestro cuerpo habla todo el tiempo, y este tipo de sangrados siempre vienen en forma de chat, de esos que es mejor “fijar” que “archivar”.
Como nos explica nuestra ginecóloga Laura Jaramillo, cuando el sangrado intermenstrual está relacionado con una condición estructural, como miomas o pólipos, no siempre es posible prevenirlo; ¡pero sí tratarlo a tiempo!
En muchos otros casos, sí podemos tener un mayor control de nuestro ciclo: usar correctamente los anticonceptivos, no saltarnos tomas, acudir a los controles ginecológicos con regularidad, llevar una alimentación equilibrada y mantener un estilo de vida saludable que ayude a regular nuestras hormonas. Todo eso suma (y mucho) a vivir ciclos más sanos.
Al final, la metrorragia no es algo para entrar en pánico, pero tampoco para ignorar. La idea no es vivir pendientes de cada mancha, sino aprender a reconocer cuándo algo se sale de lo habitual; porque cuando conocemos nuestro cuerpo, sabemos cuándo escuchar y cuándo pedir ayuda.
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